Podríamos definir la inteligencia como la capacidad de resolver problemas nuevos, de planificar y de facilitar la adquisición de nuevos conocimientos y adaptarlos a nuestras necesidades. En la inteligencia el componente genético es importante, aunque no el único a tener en cuenta. Ya hemos hablado sobre ello. En la actualidad ya no se habla de una inteligencia única, sino de múltiples inteligencias. Dentro de ellas podríamos separar dos grandes grupos; la inteligencia práctica-lógica-racional, que se encuentra en la parte izquierda del cerebro; y la inteligencia emocional e intuitiva, que se encuentra en la parte derecha.

A diferencia de los que ocurre con la mayoría de animales, un bebé  tarda más de un año en caminar, por lo que su supervivencia dependerá absolutamente del cuidado de los adultos, principalmente de la madre. Un recién nacido solamente muestra un limitadísimo conjunto de capacidades si las comparamos con las que irá adquiriendo con el trascurso de los años. Y la mayoría de habilidades que posee están relacionadas con su supervivencia: succionar para alimentarse, llorar para atraer la atención de su madre, o cerrar las manos para intentar agarrarse a aquello que le toca.

Esta total indefensión es consecuencia de un cerebro aún inmaduro. Pero esta circunstancia que puede parece en principio negativa conlleva, en realidad, una enorme ventaja: el bebé será capaz de adaptarse mucho mejor al entorno y a las circunstancias cambiantes que cualquier otro animal cuyo cerebro ya esté programado en el momento de nacer. Disponer de un cerebro moldeable es lo que ha permitido a la especie humana progresar y sobrevivir incluso en las condiciones naturales más adversas.

En E.I NUBES sabemos que, cuando un bebé nace, su cerebro es un enorme conjunto de neuronas, a la espera de formar una intrincada estructura cerebral que en poco tiempo le permitirá hablar, leer, razonar y sentir todo tipo de emociones. Algunas de las neuronas ya tienen una misión específica y su funcionamiento ha sido activado por genes para llevar a cabo las tareas básicas para la supervivencia fuera del vientre materno, como el respirar, llorar o succionar. Pero existen billones de neuronas que aún no ha sido activadas y que tienen la potencialidad de formar parte de cualquier proceso cerebral futuro. Esta activación solamente se llevará a cabo si se produce el estímulo adecuado que la propicie. Por tanto, tan o más importante que la cantidad de neuronas existentes, son las conexiones que entre ellas se establecen para formar los circuitos o redes neuronales. Si  bien una neurona aislada realiza una misión simple, millones de ellas interconectadas entre sí son capaces de realizar las más complejas tareas. Son, por tanto, estas conexiones neuronales las que establecen la auténtica potencialidad del cerebro humano.