Dentro del desarrollo del cerebro existe un factor muy importante a considera, el tiempo. Como se ha podido comprobar en numerosos ensayos, el tiempo en que es posible estimular una determinada área neuronal para influir en la creación de interconexiones, está limitado. Es lo que se conoce como “ventana de la oportunidad”. Habitualmente la ventana se abre en el momento del nacimiento –aunque puede ser que un poco antes o ligeramente después- y se cierra irremediablemente tras un periodo de tiempo determinado.

la ventana de la oportunidad escuela infantil nubes

Simplificando mucho podríamos decir que nuestro cerebro funciona bajo el principio “úsalo o piérdelo para siempre”. Si no se produce la estimulación de un área a tiempo, las neuronas mueren y ya no resulta posible recuperar esa función. La ventana de la oportunidad varía de acuerdo con la función cerebral de que se trate. Así, los sentidos como la vista y el oído cierran su ventana mucho antes que se cierra la  capacidad de sentir emociones. Esto podemos observarlo claramente en el caso de niños sordos. El bebé sordo, debido a una disfunción, no podrá recibir estímulos sonoros que lleguen a su cerebro y desarrollen conexiones neuronales imprescindibles para la adquisición del lenguaje. Por ello, un bebé sordo, con un aparato fonador “perfecto”, no aprenderá a hablar como lo haría un niño sin sordera. Los estímulos necesarios se producirán, pero no llegarán a su cerebro debido a su disfunción y las neuronas encargadas de crear las conexiones necesarias para desarrollar la capacidad que el bebé tenía para hablar cuando nació, no llegarán a especializarse y pueden acabar muriendo. Afortunadamente en la actualidad conocemos este hecho, por lo que  utilizando diferentes medios al auditivo puede enseñarse a hablar a un niño sordo.

Las consecuencias de este descubrimiento son buenas pero a la vez malas noticias. Por una parte, sabemos que podemos influir positivamente en el desarrollo neuronal de nuestros hijos, pero, por otra, el tiempo que tenemos para ello es limitado –recordemos de nuevo a  Juan, nuestro bebé-. Es una especie de carrera contrarreloj en la que no hay una segunda oportunidad. No obstante, no debemos angustiarnos, en la sociedad actual el número de estímulos que recibe un niño es mucho mayor que en cualquier otra época. Pero si además decidimos aplicarle un programa sistemático de estimulación temprana estaremos sin duda avanzando en su desarrollo.

En nuestra Escuela Infantil Nubes educamos teniendo en cuenta que este factor temporal en el aprendizaje a la hora de proponer nuestras actividades a los pequeños y tanto nosotras las educadoras como nuestros papás y mamás estamos encantadas con los resultados.